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November 21 Desdramaticemos el fútbol, por favor.Bueno chavales, aquí os dejo un vídeo para que recordéis, antes de ilusionaros con España en la próxima Eurocopa, que hay algún tuerto hijoputa que nos mira en cada fase final.
El Corto va dedicado en especial a 4 personas: A Fran Highhouse y al "tato" Alex en Cáceres (sé que os váis a partir de risa en el piso cuando lo veáis), a Santi y, por supuesto, a mi hermano.
Por cierto el título: Julio pícala... November 18 Para Gemma...El día que te conocí me caístes tan bien que supe que a partir de ese momento ibas a condicionar mi existencia. ¿Recuerdas? ambos fuimos como realmente somos: Tú sincera voz, hablastes en boca de tu pensamiento, dejando atrás eufemismos y artificios tan abundantes en nuestros respectivos contextos. Yo, leve respuesta, políticamente incorrecta la mayoría de las veces...
Y entonces, te tornaste en momentos memorables: tardes tranquilas entre tazas de café esperando a que los rayos del tenue sol de invierno proyectara su errática trayectoria entre las ventanas de aquel pub irlandés... deseaba tanto escuchar esa frase: ¿quedamos esta tarde?, y esperarte al final de la calle, como se espera en cualquier rincón de la vida encontrar a gente tan especial como tú.
El tiempo no avanzaba junto a tí. Nunca te lo dije, pero hice un pacto con los relojes: mientras ellos marcaban los pasos del resto del mundo, nosotros permanecíamos ajenos a su transcurrir. Alegué en el proceso judicial contra mi imprudencia que la única medida en aquellas agradables situaciones era en qué medida yo podría mantenerte en mi recuerdo para siempre. Y funcionó.
Hace poco, un mercader de vidas que conocí en la lejana tierra de mi pensamiento me planteó una cuestión: Me ofrecía cien vidas (las que necesito para que tu recuerdo en mi memoria sea elemento marchito) a cambio de mi actual existencia. Raudo respondí, "La felicidad existe y tiene una mirada brillante y melancólica al mismo tiempo. Su nombre, Gemma".
Gracias niña, me ha encantado tu detalle. November 15 Aderecemos el blog con unos toques de sarcasmo del todo a 100Si conocerte fue un placer, olvidarte no lo es menos. Hace tiempo guardé en una caja fuerte el poco amor que te profesaba. Después la cerré con candado para más tarde lanzarla con ira al mar de las cosas ajenas.
Reconozco, querida Esperanza (nombre propio en metáfora y no genérico, no vaya a ser que luego vienen las enmiendas a la totalidad del presente), que tenías cierto encanto. Bueno, para qué engañarme, eras estupenda. Todo hasta que de las profundidades emergió, como por sorpresa, ese ser que realmente eras en esencia. A saber: hipócrita, insincera (en plan Pocholo), mala, hiriente y falsa. Perdón perdón, rectifico, mala no, malísima.
Eso sí, eras tan buena en el engaño, que me creí tu mentira casi dos años(2001-mayo 2003 para qué sepas que me dirijo a tí). Casi nada.
Por cierto, no me tienes que pagar un euro por aguantarte, digamos que, soy así de generoso. ¡Invita la casa!. Respecto al llavero-recolgon-chuleta-cornudo ese que llevas por novio y cuya voluntad está ciertamente condicionada por su mediocridad, dale recuerdos de mi parte por favor, en ningún caso, quiero ser descortes con un Playmobil, juguete favorito de mi infancia.
El resto, perdonad este cúmulo de mala leche, pero es o esto o darle bocados a una esquina... y otra cosa, ¿seré rencoroso November 13 LUNA. (Felipe M. Ortega y Rafa Pecero)Luna era amiga de la armonía y caminaba provista de cierta elegancia. No obstante, en aquel preciso momento, hacer gala de la innata desenvoltura era una cuestión que se antojaba un tanto frívola... Sí, y todo porque la siempre inquieta Luna volvía a perder otro tren. Miró su billete. Después su reloj. Y todo mientras entraba en la estación apresurada y con el rostro desencajado porque sabía que aquella noche coger el tren significaba un punto y aparte en su vida.
Significaba la reconciliación. Con un pasado que había procurado enterrar en lo más hondo. Pero también el inicio de un nuevo episodio. No pudo evitar preguntarse cuánto habría cambiado, cuánto permanecería de aquel que conoció en su momento.
Tenía gracia: llegaba a tiempo. El viejo tren parecía ser cómplice de la chica y la esperó como si fuera un veterano caballero provisto de un corazón gentil. Luna respiró tranquila, montando en el último vagón. Y como si se tratase de un protocolo constante, tardó en elegir un asiento que le otorgara la posibilidad de tener las mejores vistas al vacío eterno de la noche.
Acomodada en su sillón, se acodó sobre el leve brazo del mismo, al tiempo que de uno de los bolsillos de su abrigo azabache, tomaba una fotografía.
En la fotografía, una calle regada por la lluvia, una estatua de la que sólo se ven sus pies, ella, una Luna menos madura, más risueña, luminosa con esa sonrisa radiante en sus labios; y él, que hechiza con sus ojos nocturnos, en los que toda luz querría ahogarse. Él, en la fotografía, tiene algo de fantasmagoría, como si no fuese real, siempre un sueño ya olvidado.
Cuando miraba la tranquila escena, a Luna acudía la melancolía, materializándose en ligero escalofrío. Con menos frecuencia el sentimiento se tornaba en embrionaria lágrima que, sin remisiones, era reducida a nada por el certero gesto manual sobre la base del ojo. Luna ya no sonreía, había abandonado la alegría de forma paulatina a medida que su alma inquieta y bondadosa había coleccionado decepciones... y volvió a mirar la fotografía, y ahí estaba él... Frente a la sonrisa de ella, alegre, abierta, tímida, sincera, ingenua, estaba la de él: esa eterna media sonrisa, irónica, media sonrisa de agente secreto, media sonrisa de quien oculta mucho más de lo que revela. La media sonrisa que esbozaría un cuchillo si los cuchillos tuvieran bocas.
November 12 Preludio de inviernoSi alguien ha tenido la desdicha de preguntar por mí durante los últimos tiempos, o en su defecto le vino a la memoria que aún existo, les diré que he estado en Arcadia.
Efectivamente, acompañé a los reflexivos pastores que Poussin creó como imagen de la tristeza perenne; y charlé tranquilamente con ellos, pero no del cambio climático ni de la reacción de ese tipo al que llaman el Rey, ni tan siquiera de la subida vertiginosa de los precios en cualquier mercado. No, hablé de mí y me escucharon, un valor al alza, qué duda cabe.
Por una vez fui egoísta, porque concluí que hacerme oír se antojaba como una necesidad vital, como una forma de reivindicar mi postura, mi voluntad y mis planteamientos. Después, quizás por inercia, me perdí en las viejas y míticas tierras del Peloponeso, con la seguridad que da el hecho de ser comprendido. No quise saber de nada ni de nadie porque la soledad es, en ocasiones, bendición; y la invocación de las almas que se pierden por los dominios de la tristeza no son más fuertes que la propia autovaloración, seguramente equivocada, que me dice que sólo sirvo como un hombro de paciencia ilimitada, como un pañuelo que se usa cuando el dios Ori se vuelca pesimista y no deja resquicio a ese cotidiano pensamiento que versa en torno a la idea: "se pueda salir adelante".
Ahora, tengo muchas dudas y una sola certeza, el tiempo no era el traicionero que imaginaba, es sólo un amigo que nos revela dolorosas verdades.
Al resto, a la mayoría que no se acordó de mí ni me echó en falta estos días, les hablaré de usted, porque mi me lo ha recomendado el doctor Cronos. |
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