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May 31 Reflexión cíclica. Muerdo las ganas cuando te pienso, mientras hay una tendencia, apenas notable, hacia los abismos o la tristeza. Vivimos en un mundo de deseos en el que la brega continua y la lucha sempiterna nunca tienen recompensa, y por mucho que queramos, el tiempo de la irreverente fortuna siempre recae en cabezas ajenas, en voluntades mediocres con poco atino, o poca sangre. Tal vez sean las políticas de los padrinos, o quizás la extraña muestra de que somos nadies en mundos de anónimos con autoconcesión heroica. Quién sabe... Deberíamos pensar en reivindicarnos ante las pequeñas cosas, para posteriormente pasar a pretender cotas más altas. Lo cierto es que vivimos en un mundo a caballo entre dubitativas y desiderativas, mientras el resto hacen de filósofos de tres al cuarto, bohemios que enuncian sus propios postulados de triunfadores en barras y mercados, en una simple demostración de apariencia, a esa a la que renuncié hace más de un año, aún prorrogando su uso en ocasiones determinadas frente a personajes concretos. Y en este ejercicio improvisado de pensamiento, me pierdo lentamente reflexionando acerca de lo bello del movimiento no acelerado o el proceso de colonización y sus consecuencias morales. Bombardeo de ideas, en una mente devastada por los misiles del transcurrir, arrasada por miles de cavilaciones inútiles pero llena de historias con las que pensar que, todavía, el mundo, las pequeñas cosas y esta cruel tendencia es corregible, como las ganas de pensarte y de morderte. May 19 El Abandono Había preparado fotografías para llenar tu zurrón del misterio de curiosidad y anécdota, lo hice con toda la ilusión del mundo pero... Soplaba viento de levante en el puerto, y una extraña maraña de rosáceos poblaba los cielos. Atardecía y nadie volvía a la nao. Como capitán miré extrañado desde la cofa alzada más cercana a la proa. No atisbaba presencia conocida entre los viandantes de las orillas. La tripulación había hecho caso omiso a la orden de zarpar con las primeras estridencias de la tarde, mas pasaron las horas de sol y en el crepúsculo, el barco estaba tan inanimado como vacío de almas. Cuando perdí fe en la esperanza del perviviente deseo que me cantaba al oído que volvierían de las entrañas de la Túnez escándalosa y aromática, me refugié en los recovecos del navío, determinando que las provisiones eran escasas y que el aguardiente era el único amigo que ponía su hombro vidrioso y azucarado en el que llorarle a la estrella del norte la penuria circunstancial. Sólo quedaban alcohol y las ratas abominables de mis errores que roían sin piedad mi parecer, mi pensamiento, mi moral y mis ilusiones; y los fantasmas de los que abandonaron la disciplina de este capitán que se hacían oir a cada rato, como en una vuelta efímera y etérea de los que fueron mientras pudieron o quisieron y ahora son sólo memoria despavorida y decepcionada de un capitán que no pudo, ni supo, estar a la altura. Cuando la clarividencia del efecto etílico me dio voluntad, escribí una carta sin remite, que comenzaba rezando lo que aquella canción: "Puedo presumir de poco, porque todo lo que toco se rompe..." May 16 Sombras de un tiempo que fue Hay un río de arcilla bajo nosotros, una mezcolanza de tiempo en estratos removidos, y restos que son testigos de la evolución en su propia pervivencia. Hacemos veredas improvisadas en el hundimiento de nuestras huellas, y el viento se ocupa de hacernos su cómplice al mover con remolinos y revoleras de su solano, las partículas de polvo desprendidas de cada paso. Y en el centro de la gran extensión, las ruinas de una casa de Encomienda de piedra, con arcadas de ladrillo, custodiada por centinelas vegetales con los ojos secos de tanto llorarle al trancurrir silencioso. Una ventana que sobrevive en ciernes de una pronta caída, y una alberca que desprende los sonidos de otros tiempos, de los que poblaron y llenaron de vida, un lugar tan muerto como misterioso. Pero no es más importante presente que futuro, nadie lo afirmó hasta ahora.... en el horizonte se divisan metáforas de cúmulos crecientes que en realidad es mera vegetación frondosa, choperas centenarias de bifurcaciones troncales en la base, y de su mano zarza y enredadera que matizan un verde explendoroso. Nos recibe, al llegar, como no podría ser de otro modo. Terraplén de piedra en pendiente, donde el hombre dejó caer su mano y su labor. Al lado, estructura de piedras y basamentos de continuidad cortada. Miles de sigilattas de naturaleza dispar. Tiempo y cerámicas, necrópolis donde ya no descansan los habitantes de la época flavia. Lucernas ya apagadas. Cuencos de costillas en vidrio desprendidos. Sombras. Misterio: el tiempo pasa y la memoria no cumple su labor en justicia. Habrá que dialogar, de nuevo, conlas miserables limosnas de la supervivencia. May 10 Hoy... Estatua de Sal Hice un ademán con los brazos y me quedé quieto. Tras contemplar de un modo improvisado las opciones totales que me auspiciaban, no pude resistirme a quedar parado, sin realizar aspaviento alguno, ni decir una sola palabra, como quien es sin hablar, o se sabe cómodo en los silencios. Estaba preocupado, por mucho que quería no sentía nada, y ello me abocaba a la austeridad sentimental, a la hoguera de los momentos que paulatinos se pierden. Me sentí morir, como el que lo hace lejos de sí mismo, y sin dolor. Mis piernas, que eran ya dos columnas no exentas respecto al suelo, sentían la banalidad de la quietud, autónomos pilares que me mantenían erguido pero no respondían a ninguna voluntad de dinamismo. Con cierta celeridad, esta argucia dominante que crecía en mí, me dejaba a las puertas del clasicismo. Transmuté a estatua, pero no de oscuro bronce ni perviviente mármol. Era de sal... de veletero mineral al socaire de los caprichos de los elementos. Todo ello por querer moverme cuando ya era tarde. Sin embargo, algún dios cruel cumplió mi deseo y para ello me envió a Zephirus, que terminó de desintegrarme y esparcir mi espíritu por las calles de la nada... May 02 La entrada estrambótica o las estrofas que rompen el ritmo Hay veces en las que es mejor callarse, y acordarse para sí y en mal augurio de la pertinente familia del que invento la ingratitud, o al menos de la de aquellos que son asiduos a ella. Asociados al interés, yo ciego temporal como pocos hasta cuando uno se da cuenta que hay tanto hijo de puta como perros descalzos, he decidido inscribirme al uso cotidiano a esta frase para tomarla como patente, o piratear su señal, que le jodan también al que la registró primero mientras me salga gratis. Porque las apariencias engañan, sí, y que purule por las muescas esparcidas de la ineptitud de aquellos, o hablando en plata, me haga el gilipollas ante tanta imbecilidad, no significa ni por asomo que lo sea. Es lo que tiene ser primo de la corrección adscrita a la reciprocidad, si tu fallas ostia retórica que te llevas. Yo no soy uno de esos caballeros con buen perder, ni de esos tipos con complejos que cuando le van mal las cosas, pone bajo su codo una barra y reflexiona como un bohemio transnochado, a incentivo de bebidas fermentadas, sobre quién tiene culpa o carga. Así que si lees esto, el próximo día que quedes conmigo, ya sabes lo que nos espera: ponernos ante el espejo de nuestras respectivas miserias, una por una, en lugar de tanta tontería y su puta madre. Estoy hasta arriba de tanta mentira... |
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